sábado, 7 de julio de 2012

Una buena peda...

Hace ya varios años mi vida era un desmadre, nada que yo hubiera soñado. Tenía un trabajo mediocre, vivía solo, pero nunca me faltaban las mujeres. A pesar d etodo era una vida bastante normal, pero todo cambió de repente.


Como todas las noches decidí salir a un bar en busca de diversión. Tocaba ir al teibol. Me puse los zapatos menos apestosos y me fui a buscar un antro. Llegué a uno bastante chafa, pero había lo que buscaba, mujeres y alcohol.


Me bebí todo el whiski que pude y en cada trago echaba piropo a cuanta vieja veía cruzar la pista. Como estaba jodido y sin un quinto preferí beber y seguir piropeando a las viejas del lugar.  Continué así, no se cuánto tiempo, hasta que al pasar una de esas viejas me la eché a las piernas y empecé a manosearla. Ella no me decía nada, y después de un rato me arrastó a un privado. Yo la seguí mientras pensaba "Ya la armé y ni lana tengo". Ya ahí encerrados pues pasó lo que tenía que pasar.





El pedo fue cuando desperté, todavía briago, y vi a mi lado al Homero; el pinche dueño del bar. Y no estaba en el privado, era mi casa. Me saqué de pedo, me puse a llorar y seguí chupando. Armé tal desmadre que el Homero salió huyendo en calzones. Los vecinos se enteraron de mi desmadre y yo encabronado me fui directo a la cocina. Busqué un cuchillo y hallé uno de esos chiquitos de sierra. Mi primer idea fue clavarmelo en el pecho peor nomás de pensar que sonaba a puñal cambié de opinión. Hallé un cúter y me tiré en un rincón. Empecé a clavarlo en mi antebrazo buscando desangrarme mientras pensaba que pasaría varios días antes de que encontraran mi cádaver. Seguí clavando el cuchillo a lo largo de mi brazo y tratando de atinar a una vena, pero no pude y me quedé dormido.


Desde ahí me va mejor, cambié de chamba. Ahora le administro el bar al Homero y en las noches se pone un trajecito sexy y me baila. Los cuchillos ya mejor ni los agarro. 

Melissa Urrutia